Hace unos días leíamos un artículo donde se decía que hace falta “deportividad y alegría para afrontar todo aquello que nos es contrario o menos agradable, lo que se opone a nuestros planes o produce pesar y dolor. Y también sencillez y humildad para no inventarse problemas y dolores que no existen en la realidad, para dejar a un lado suspicacias, para no complicarse falsamente la vida. Porque, aunque los obstáculos sean reales y se deba contar con ellos, en ocasiones se corre el riesgo de desorbitarlos, dándoles excesiva importancia.”
Si bien el contexto era diferente, ¡cuánta verdad en tan pocas líneas! ¡Y cuán aplicable a nuestra tarea, en la cual la tentación de pensar que es una lucha inútil, ineficaz, puede presentarse a cada rato!
Lejos de nosotros incurrir en otro error simétrico, cuál sería dejarse llevar por un optimismo idiota de tan ingenuo. Las dificultades son enormes, la gente parece que estuviera en otra cosa y que se desentiende de las cosas importantes. ¡Cómo si la quiebra de los principios del orden jurídico fuere asunto de poca monta!
Sin embargo, no faltan razones para perseverar: todas las semanas crece el número de socios, el viaje a Mar del Plata fue un gran éxito (gran presencia de gente joven), desde otras ciudades se nos pide que viajemos con nuestras denuncias y exhortaciones. En fin, no son pocos los motivos para sentir que estamos haciendo camino …
El artículo que cayó providencialmente en nuestras manos decía al final: “El alma envuelta en dificultades se enrecia, se hace generosa y paciente. En los obstáculos hemos de ver siempre la gran ocasión de hacernos fuertes y de amar más.”
A eso llamamos espíritu deportivo, que es imprescindible para librar este fiero y desigual combate.
